¿Te has preguntado alguna vez por qué, siendo una mujer tan competente y resolutiva en lo profesional, te sientes mucho más vulnerable, sensible, incapaz o irritable en tus relaciones personales?
Muchas mujeres llegan a consulta con una sensación de desconcierto o incluso de fracaso.
Me dicen cosas como:
«Si soy capaz de liderar equipos, tomar decisiones difíciles o sostener mucha responsabilidad en mi trabajo… ¿por qué me cuesta tanto gestionar una discusión con mi pareja sin terminar llorando, enfadándome o sintiéndome muy herida?»
La respuesta no es que haya algo defectuoso en ti, para nada, eres una gran persona.
Y tampoco significa que no seas lo suficientemente fuerte, madura o inteligente.
La respuesta tiene más que ver con cómo está organizada tu personalidad y qué parte de ti se activa cuando te vinculas emocionalmente.
Porque cuando entramos en una relación íntima, no solo aparece la mujer adulta que eres hoy.
También aparece tu historia.
Por qué las mujeres autoexigentes sufren más en sus relaciones
Muchas mujeres autoexigentes han aprendido desde muy pequeñas a funcionar bien.
A cumplir.
A responder.
A adaptarse.
A hacerlo todo correctamente.
En lo profesional, estas capacidades suelen convertirse en fortalezas.
Pero en el terreno emocional, a veces generan una tensión interna muy grande.
Porque cuando una persona ha aprendido a ser fuerte, responsable y resolutiva, puede resultarle mucho más difícil entrar en contacto con sus necesidades más vulnerables.
Y en las relaciones íntimas es precisamente esa parte vulnerable la que se activa.
Por eso a veces ocurre algo desconcertante:
Puedes sentirte muy segura en tu vida profesional…
y al mismo tiempo profundamente sensible cuando algo se mueve en el vínculo con tu pareja.
El mapa de tu personalidad según el análisis transaccional
El análisis transaccional es una teoría psicológica que nos ayuda a entender cómo funciona nuestra personalidad y por qué reaccionamos como reaccionamos en nuestras relaciones.
Según este modelo, nuestra personalidad se organiza en tres estados del Yo.
Comprenderlos puede ser una forma muy poderosa de recuperar el mando de tu vida emocional.
El estado padre: la voz del juicio y la exigencia
El estado Padre es la parte de nuestra personalidad que contiene las voces interiorizadas de nuestras figuras paternas o las figuras que nos cuidaron.
Es la forma en que aprendimos a juzgar, exigir, corregir o proteger.
Cuando este estado se activa, podemos escuchar en nuestro interior pensamientos como:
- “Debería hacerlo mejor.”
- “No puedo permitirme fallar.”
- “Esto no está bien.”
- «Debo hacer más»
En muchas mujeres autoexigentes, el padre crítico tiene mucha fuerza.
Es una voz interna que empuja constantemente a hacerlo todo mejor y que puede generar mucha presión interna.
El estado niño: el lugar donde viven las emociones
El estado Niño es la parte de nosotros que guarda nuestras emociones más profundas.
Aquí viven nuestros deseos, nuestros miedos, nuestra necesidad de afecto y también nuestras heridas más antiguas.
Cuando en una relación sentimos miedo al abandono, necesidad de agradar o una gran sensibilidad ante el rechazo, es muy probable que nuestra niña interna esté tomando el control.
Si además existe un padre crítico muy exigente, esta niña puede vivir con un miedo constante a no ser suficiente o a cometer errores.
El estado adulto: la capacidad de estar en el presente
El estado Adulto es la parte de nosotros que puede observar la realidad tal como es.
El adulto piensa, analiza y responde desde el presente.
Por ejemplo, el adulto puede decir:
«Mi pareja está cansada hoy. No necesariamente significa que haya algo malo entre nosotros.»
Cuando el adulto está presente, podemos responder con más calma, claridad y flexibilidad.
Cuando el pasado se activa en las relaciones
En las relaciones de pareja es muy común que nuestro Adulto quede momentáneamente “secuestrado” por el padre o el niño.
Por ejemplo, si tu pareja olvida algo importante, pueden activarse varias cosas al mismo tiempo:
El padre crítico puede empezar a juzgar o exigir.
Y al mismo tiempo, tu niña interna puede sentir una profunda sensación de no ser vista o no ser importante.
Cuando esto ocurre, la reacción emocional puede ser mucho más intensa de lo que la situación presente justificaría.
Y entonces aparecen discusiones, reproches o una sensación de gran vulnerabilidad.
No porque seas débil.
Sino porque algo en la situación actual ha tocado una experiencia emocional mucho más antigua.
Sanar no significa eliminar partes de ti
Muchas personas creen que sanar significa eliminar sus partes más sensibles o sus reacciones emocionales.
Pero en realidad el proceso es muy diferente.
Las estructuras que hoy te generan malestar en algún momento fueron adaptaciones necesarias.
Te ayudaron a sobrevivir emocionalmente.
Por eso, el objetivo no es eliminar esas partes, sino integrarlas con más conciencia y cuidado.
La incomodidad que sientes en tus relaciones no es una señal de fracaso, como piensan habitualmente las mujeres autoexigentes.
Muchas veces es una señal de que tu antigua manera de adaptarte empieza a quedarse pequeña.
Y que algo en ti sabe que existe otra forma de relacionarte.
El trabajo terapéutico: fortalecer el estado adulto
En terapia, el objetivo no es que el padre o el niño desaparezcan.
Ambos forman parte de nuestra historia y de nuestra humanidad.
El trabajo consiste en fortalecer el estado adulto, para que pueda mediar entre estas partes.
Un Adulto que pueda:
- reconocer cuándo aparece la voz crítica del padre
- escuchar el miedo o la tristeza del niño
- y responder desde el presente, no desde el pasado
Cuando el adulto se fortalece, empezamos a sentir más espacio interior.
Más capacidad para elegir.
Más libertad en nuestras relaciones.
Cómo empezar a transformar tus patrones en las relaciones
Muchas personas intentan cambiar estas dinámicas esforzándose más, controlando más o intentando hacerlo mejor.
Pero las dinámicas relacionales profundas no se transforman solo desde la comprensión intelectual.
Necesitan un espacio donde puedan ser sentidas, comprendidas y elaboradas.
En la terapia vincular que he creado y el trabajo corporal, exploramos precisamente cómo el cuerpo, la emoción y la historia personal influyen en nuestra manera de vincularnos.
Poco a poco, la persona empieza a reconocer qué partes de su historia se activan en sus relaciones.
Y desde ahí puede empezar a relacionarse de una manera más consciente, más libre y más amable consigo misma.
Si sientes que en tus relaciones aparecen patrones que se repiten o emociones que te desbordan, es posible que no necesites esforzarte más.
Tal vez lo que necesitas es un espacio donde comprender tu historia y empezar a relacionarte desde un lugar diferente.
Ese es el tipo de proceso que acompaño en consulta.



