Relacionarse es, probablemente, una de las experiencias más profundas y transformadoras con las que nos encontramos.
Estos miedos en las relaciones forman parte de nuestros patrones relacionales y suelen estar conectados con heridas emocionales de la infancia.
Cuando nos relacionamos y vinculamos se ponen en juego muchas cosas, tanto en nuestro interior como en el interior del otr@.
Y aquí entran todo tipo de vínculos: pareja, amigos, familia o compañeros de trabajo.
Porque cuando nos relacionamos no solo estamos en el presente, sino que, sin darnos cuenta, se activan partes de nosotros que aprendieron, hace mucho tiempo, seguramente en nuestra infancia, qué significaba pertenecer o ser vistos.
Entonces, aquí la cosa se lía bastante, porque ahí aparecen los miedos.
Los miedos más comunes en las relaciones
Aunque cada persona es única y diferente, todos compartimos ciertos miedos, miedos que son universales. Te los detallo a continuación:
-Miedo al abandono.
-Miedo al rechazo.
-Miedo a no ser suficiente.
-Miedo a ser demasiado.
-Miedo a sentirte invisible.
-Miedo a perderte en el otro.
-Miedo al conflicto o a la confrontación.
Estos miedos en las relaciones suelen estar relacionados con heridas emocionales y con el tipo de apego que hemos desarrollado en nuestra infancia.
Estos miedos aparecen porque en la infancia de todos ha habido momentos en los que, sin querer, nuestros padres o cuidadores principales han fallado en el sostén emocional (y repito, sin querer).
Y donde hubo una “falla” relacional repetida, que significa que fallaron repetidamente en cubrir nuestra necesidad, ahí se forma una herida de apego.
Entonces, se crea el miedo a no recibir, a no ser suficiente porque papá o mamá nunca estaba contento con mis notas y me pedía que sacara un 10.
El miedo a no ser vist@ porque papá nunca me vio emocionalmente.
El miedo a ser abandonado porque mamá tuvo que estar cuidando del abuelo y pasé mucho tiempo jugando sol@ esperando que viniera a buscarme, y cuando lo hacía me quedaba pegad@ a ella por miedo a que se volviera a ir.
O miedo al rechazo porque siendo niñ@ me costaban las matemáticas y mamá se enfadaba, y ahora soy adult@ y pospongo el dar charlas por miedo a ser rechazad@.
¿De dónde vienen los miedos?
Aquí es donde se forman muchos de nuestros patrones relacionales, suelen nacer de nuestras primeras experiencias vinculares con mamá y papá, la familia y la escuela.
Desde una mirada humanista e integrativa como es la mía solemos hablar de que dentro de cada persona conviven diferentes partes:
Unas son más adultas.
Otras más infantiles y antiguas.
Otras son partes de la personalidad de nuestros padres que hemos adoptado como nuestras.
Otras son transgeneracionales, del abuelo o de la bisabuela.
Entonces, cuando eras pequeñ@ aprendiste que el vínculo podía romperse si no hacías lo que papá o mamá quería o necesitaba.
Sentiste que no siempre eras vist@ o que tenías que adaptarte para ser querid@, olvidándote de ti e incluso teniendo que negar tus necesidades.
Y estas distintas partes de ti se quedaron con este aprendizaje grabado en tu mente.
Por eso, estas partes antiguas, a día de hoy, siguen activas.
En este artículo te voy a hablar del miedo al abandono, y en los siguientes artículos te hablaré de los otros miedos para que puedas entenderlos y reconocerte.
El miedo al abandono en las relaciones: la clave de muchos vínculos
Este miedo es uno de los más profundos y suele expresarse en nuestras relaciones así:
-Con una necesidad intensa de cercanía.
-Sintiendo ansiedad cuando alguien se aleja.
-Cuando te cuesta poner límites.
-Cuando sientes miedo a molestar o a “ser demasiado intens@”.
-Cuando te das cuenta de que estás hipervigilante, analizando cada mensaje o gesto del otro.
-Cuando sientes una sensación de vacío cuando el otro no está.
O también en el otro extremo:
-Cuando evitas el compromiso.
-Te alejas de una relación antes de que lo haga el otr@.
-No mostrándote como eres.
¿Cómo se siente el miedo al abandono?
Habitualmente lo sentirás en el cuerpo, en forma de nudo o presión en el pecho, sintiendo inquietud, o notando una sensación de urgencia constante de la que no puedes salir.
La sensación suele ser como si la relación estuviera en riesgo, aun sabiendo racionalmente que no es así.
Esto que sientes es una herida activada, un miedo activado, una memoria emocional antigua que se despierta en el presente, pero que se originó en el pasado.
¿Cómo me puedo dar cuenta de que hay una herida activada?
Puedes empezar haciéndote unas preguntas:
¿Mi reacción es exagerada o reacciono con más intensidad de la que la situación requiere?
¿Siento miedo cuando mi pareja, familiar o amigo se distancia y no me contesta los mensajes o llamadas?
¿Me cuesta confiar en que el vínculo es estable?
¿Me suelo adaptar demasiado al otro para no perderlo?
Ahí hay una parte de ti que probablemente teme quedarse sol@.
No hay nada roto en ti
Y es que desde una mirada humanista sabemos que somos como somos porque, en su momento, tuvimos que adaptarnos al entorno al que pertenecíamos tal y como era.
Y para ser aceptado, aceptada, tuvimos que crear una personalidad y un personaje que fuera aceptado por ese entorno.
Habitualmente, este personaje está alejado de quien realmente eres y quieres ser.
Pero de esto pocas veces nos damos cuenta, porque nuestra personalidad adaptada es aplaudida: niña buena, perfecta, mujer o hombre trabajador, que no se queja, sociable, amig@ de sus amig@s, que está para todo el mundo, siempre disponible, etc.
Y gracias a estas cualidades estás donde estás, pero hay partes de ti que piden a gritos ser actualizadas y tomadas en cuenta.
Entonces, el miedo que sientes hoy, probablemente, en parte hable de una resonancia del pasado. Y es que solemos acercarnos y repetir relaciones y experiencias con personas y perfiles muy parecidos a los que nos criaron, y esto inevitablemente abrirá nuestras heridas y miedos más profundos.
Y quien no los tiene es que se ha desconectado de ellos.
También, veces se acercarán personas parecidas a lo que hemos aprendido y otras totalmente distintas, pero en los dos casos, muy probablemente habrá algún tipo de resonancia a nivel de herida.
Hoy el trabajo no está en eliminarlo, sino en entenderlo, acompañarlo y darle nuevas experiencias.
Un primer paso
Cuando te das cuenta de que sientes miedo, o después —ya que cuando estamos activados nuestra amígdala nos ha secuestrado una parte del cerebro que se pone en alerta (y nos resulta difícil activar nuestro adulto consciente)— puedes hacerte unas preguntas:
¿Qué parte de mí se está activando ahora?
¿Qué necesita esta parte de mí?
Y con esto puedes empezar a ser más consciente de ello.
Y ya para acabar, si sientes que estos patrones relacionales se repiten en tu vida, trabajar en terapia puede ayudarte a comprender tus heridas emocionales y transformar tu forma de relacionarte.
En los próximos artículos te hablaré en profundidad de cada uno de estos miedos, para que puedas reconocerlos y empezar a relacionarte desde un lugar más seguro, consciente y libre.
Si sientes que estos patrones se repiten en tu vida, la terapia, también en formato online, puede ser un espacio seguro para explorarlos en profundidad.
Te mando un abrazo muy fuerte.



