El origen de nuestras maneras de reaccionar y cómo empezar a comprenderlo para sanarlo.

Puede que te hayas sorprendido pensando:

«Otra vez estoy aquí con lo mismo. Esto ya me lo conozco. Estoy volviendo a tropezar con la misma piedra otra vez.»

Y quizás te has cambiado de ciudad, de trabajo, de pareja o de amigos, pero tu sensación acaba siendo la misma de siempre.

Si alguna vez te has preguntado «¿por qué siempre me pasa lo mismo?» o sientes que repites las mismas relaciones, discusiones o emociones, probablemente no sea casualidad. Muchas veces repetimos patrones relacionales aprendidos en la infancia sin ser conscientes de ello. En este artículo descubrirás qué son, por qué se crean y cómo empezar a transformarlos.

¿Qué es un patrón?

Sentirte así puede llevarte a sentirte mal contigo misma o contigo mismo, o incluso a pensar que hay algo malo en ti o que no lo estás haciendo suficientemente bien.

Probablemente tampoco sea un tema de mala suerte, sino que lo que puede estar pasando es que repites una manera de hacer a la que, en este artículo, vamos a llamar patrón.

Quizás hayas oído hablar de esta palabra.

Los patrones son inconscientes. Eso significa que no eres consciente de que los estás poniendo en marcha y, mucho menos, de cuál es su origen; es decir, del sentido que tienen en tu vida y de por qué se activan.

Un patrón es una forma automática de sentir, pensar, interpretar y responder ante las situaciones de tu vida.

Tuvimos que crearlos en la infancia para adaptarnos a aquellas necesidades que no pudieron ser cubiertas por nuestros padres o cuidadores y, de ese modo, asegurarnos de que aquello que faltó no apareciera en nuestra conciencia en forma de necesidad.

¿Por qué creamos estos patrones?

Entonces, al tener necesidades infantiles que no fueron cubiertas, cuando vayamos creciendo habremos creado determinadas estrategias para estar en el mundo y recibir aquello que nos faltó siendo niños.

Quizás una de esas maneras sea tener la necesidad de agradar siempre a todo el mundo, querer evitar el conflicto por encima de todo, sentir miedo al abandono o, quizás, ser una persona que necesita controlar las situaciones para sentirse segura.

Todo esto no son defectos, sino estrategias relacionales que aprendiste para tapar el dolor de no tener tus necesidades cubiertas cuando eras pequeña o pequeño.

Y es muy natural que crearas estos patrones.

Ante la necesidad de atención y afecto que todo niño y toda niña tienen, y unos padres que, por los motivos que fueran, no pudieron dártelos, creaste estrategias creativas.

Eso sí, primero tuviste que desconectarte de tus propias necesidades para que, ahora que eres adulto o adulta, pudieras recibir lo que no te dieron de maneras muy diversas.

Por ejemplo, siendo una persona adulta que necesita agradar para recibir atención (la atención que no pudiste recibir de niño porque tu padre trabajaba mucho o tu madre atravesó una depresión; estos son solo algunos ejemplos).

O siendo muy cuidadora de los demás porque, de esta manera, te asegurabas recibir reconocimiento. Esta estrategia te permitió obtener el amor y la atención que tanto necesitabas cuando eras niño o niña.

Otras formas en las que se manifiestan los patrones.

O pensando que nada te afecta y que todo está bien para no sentir el dolor de la falta de mimo, insensibilizándote, cuando en realidad necesitabas todo lo contrario.

También, en el ámbito de la pareja, puede que te cueste comprometerte o dejar una relación difícil por miedo a cómo te sentirás, olvidando que eres un adulto o una adulta que ahora sí puede afrontar las situaciones y las pérdidas.

Como puedes ver, todo esto son estrategias de afrontamiento para tratar de recibir aquello que necesitábamos y que seguimos buscando siendo adultos ( y que es natural que lo hagamos ).

El verdadero problema no es el patrón.

Habitualmente veo en consulta, y también lo vi en mi propia historia, que cuando era niña, si era complaciente y una buena niña, recibía atención y cariño. Y ahora, siendo adultos, continuamos con esta estrategia y este patrón activados, siendo la buena niña o el buen niño para recibir amor y atención.

Pero este patrón no es lo que me preocupa. Lo que realmente me preocupa es que lo siga ejecutando sin darme cuenta, sin ser consciente de ello.

Porque el patrón es algo que no decido; simplemente lo ejecuto sin cuestionármelo. Pasa por debajo de la alfombra sin que me dé cuenta.

La teoría del apego explica por qué repetimos nuestras relaciones.

Entonces, con toda esta lectura, mi objetivo es que reflexiones sobre qué patrones reconoces en ti, cuáles parece que se asoman y quieren dejarse ver.

La teoría del apego, desarrollada por John Bowlby y ampliada por Mary Ainsworth, nos explica que aprendemos a relacionarnos durante la infancia y que, tal y como nos relacionamos con nuestros padres, madres o cuidadores, y según las estrategias que nos han funcionado para sentirnos cuidados, tenderemos a reproducirlas en la edad adulta hasta que les pongamos conciencia.

Por ejemplo, si solo me prestaban atención cuando no me quejaba, de adulto seré una persona callada, manteniéndome fiel a ese patrón que, en su momento, me funcionó.

Lo que haré será reproducir, siendo adulto o adulta, el modo en que me vinculaba con mis padres o cuidadores cuando era niño.

El cuerpo también guarda nuestra historia.

Estos patrones también quedan reflejados en el cuerpo en forma de tensiones corporales, y es importante prestarles atención, porque todos hemos experimentado contracturas, dolores o malestares.

Si durante tu infancia viviste situaciones que te causaron una tristeza muy profunda y sostenida en el tiempo, y no pudiste expresarla ni fuiste acompañado o acompañada en ella, puede que presentes dificultades respiratorias. Quizás tengas el pecho cerrado, la espalda ligeramente encorvada hacia delante o que, cuando tengas que pedir algo, se te bloquee la respiración y sientas ansiedad ante determinadas situaciones comprometidas, ya sea en el trabajo o en la pareja.

O puede que suelas ir con la barriga apretada y tensionada ( cosa que se aplaude a día de hoy y se suprime el verdadero motivo ). Esto suele hablarnos de miedos profundos que tuvieron que ser enterrados, ya que muchas corrientes de trabajo corporal consideran que en el abdomen se acumulan experiencias relacionadas con el miedo vivido durante la infancia, y si contraigo mi abdomen, evito sentir lo que sea que esté almacenado ahí.

También podríamos hablar de tensiones cervicales o de espalda que se han vuelto crónicas, o de gestos corporales que adquiriste en tu infancia y que sigues repitiendo de adulto.

Pero, como siempre te has visto igual, has caminado igual y te has conocido de esa manera, todo ello ha pasado a formar parte de «ti».

A esto es a lo que llamamos el carácter en el cuerpo.

Comprender tus patrones es el primer paso para transformarlos.

Toda nuestra historia relacional y emocional queda registrada en nuestro cuerpo y en nuestra musculatura, en forma de tensiones crónicas o dolor.

Con este artículo he querido poner luz sobre dinámicas relacionales que quizás llevas años viviendo y que, hasta ahora, no habías podido comprender o explicar.

Mi deseo es que esta lectura te haya ayudado a entender un poco mejor la manera en la que te relacionas contigo, con los demás y con el mundo.

Porque aquello que hoy llamamos patrón no es una condena ni algo que esté mal en ti. Es una forma de adaptación que, en algún momento de tu vida, fue necesaria para sobrevivir emocionalmente. Y precisamente porque fue aprendida, también puede transformarse.

Cuando empiezas a comprender el origen de tus patrones, a reconocer cómo se manifiestan en tus relaciones y en tu cuerpo, y a mirarlos con conciencia y sin juicio, dejas de reaccionar en piloto automático y empiezas a elegir de una manera más libre.

Un proceso terapéutico no consiste en cambiar quién eres, sino en recuperar aquellas partes de ti que tuvieron que esconderse para poder adaptarse. Poco a poco, puedes construir nuevas formas de relacionarte desde la seguridad, el autocuidado y la autenticidad.

Y, aunque el camino no siempre sea fácil, es posible dejar de repetir la misma historia y empezar a escribir una diferente, la tuya.

¿Te has sentido identificado con este artículo?

Comprender el origen de tus patrones es el primer paso para transformarlos.

Si sientes que repites las mismas historias, que te cuesta entender por qué reaccionas siempre igual o que deseas relacionarte desde un lugar más libre y consciente, un proceso terapéutico puede ayudarte a descubrir el origen de todo ello y empezar a construir nuevas formas de vivir tus relaciones.

Un fuerte abrazo.

Laura Folch Solé

Te ayudo a mejorar la relación que tienes contigo y con los demás, para construir felicidad en tu vida.

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